Trilogía del color

La Trilogía del Color reúne las seis Suites para violonchelo solo del genio de Eisenach junto a obras propias de la compositora e intérprete Iris Azquinezer. Estas obras están escritas en las mismas tonalidades que el genio de Eisenach eligió para sus Suites. Para Azquinezer, cada tonalidad musical simboliza o produce un color, y es esta sinestesia la que ha dado nombre a esta personalísima trilogía: Azul y Jade (2014), Blanco y Oro (2019) y Hierro y Verde (2024).

El trabajo, que se extiende más de una década, deja ver la parte más íntima y personal de la música de Azquinezer. Aflora un nuevo acercamiento a la obra del compositor más universal de la historia, que a su vez supone una investigación sobre la creación del lenguaje para violonchelo solo. De la trilogía se desprende una expansión de la teoría de los afectos, en torno a los ánimos y desánimos de la vida trascendente. Y así, a través de un instrumento único como es el violonchelo, cobra vida propia aquello a lo que llamamos verbo musical.

AZUL Y JADE

AZUL Y JADE, une la rigurosa interpretación de las dos primeras Suites para violonchelo solo de Bach con seis creaciones de la compositora que complementan y despliegan el lenguaje único creado por el genio de Eisenach. La primera y segunda Suites son las protagonistas, representando el Sol Mayor (azul) y el re menor (verde jade). La sinestesia da nombre a estainspirada unión de lenguajes diversos que se entrelazan en un recital que captura y hechiza al oyente. Según decía Fournier, las Suites de Bach son como las etapas de la vida y las dos primeras representan la infancia y la adolescencia.

“De vez en cuando, hay discos que surgen de la nada y sorprenden por su bello atrevimiento. Azul y Jade, el primer registro de Iris Azquinezer, cumple con las dos condiciones”.

Stefano Russomanno (ABC cultural)

BLANCO Y ORO

BLANCO Y ORO, es el segundo trabajo, y la segunda propuesta sonora de esta Trilogía del Color. La tercera y la cuarta Suite para violonchelo solo de J.S. Bach se alzan, en esta ocasión, las protagonistas del disco: el Do Mayor (blanco) y el Mi bemol Mayor (Oro). Enmarcando el trabajo en el ciclo de la vida, contiene la juventud y la madurez.

Bereshit, la obra que abre el álbum, significa comienzo, la primera palabra de la Torah. En este caso, la sinestesia surge de la combinación de todos los colores; todos los semitonos se relacionan y van tomando forma hasta llegar al blanco del Do Mayor.

Tres danzas a la luna: Invocación, Sarabanda y Veima, reflejan un mundo femenino, tan circular como mágico. La primera, una danza Sufi de los derviches giradores, y la última un juego numerológico con las mujeres de su familia.

Nada te turbe, o Santa Teresa en Seda, inspirada en los famosos versos de Santa Teresa de Jesús.

«Lo primero que capta la atención de la instrumentista es su sonido: pleno, penumbroso, denso, plagado de los mejores armónicos, homogéneo.»

Arturo Reverter

«Precioso continente y contenido el de este Blanco y Oro de la talentosa violonchelista madrileña Iris Azquinezer.”

Alessandro Pierozzi (Melómano)

HIERRO Y VERDE

La tercera entrega, HIERRO Y VERDE, que cierra la trilogía, reúne la quinta Suite para violoncello solo de J.S. Bach, en Do menor, que nos regala el negro, escala de grises, hierro de la vejez, que da paso a la otra vida, esa vida espiritual en el más allá, representado en el verde radiante del Re Mayor (sexta Suite) relacionado con las trompetas, el júbilo y la luz.

Catábasis, la obra que abre este disco, es un viaje al Hades, la búsqueda del Héroe. Entréme donde no supe (San Juan de la Cruz en Seda) nos abre a la trascendencia, a ese misticismo experiencial de sensaciones reales, que nos hacen vislumbrar un estado todavía por conocer. Este poema abre el camino a la otra vida, a la trascendencia, a la inmortalidad del alma de la que habla Verde Vida, la última obra del disco, con ese verde radiante tan presente en el sufismo como Al- Khadir, el patrón de los que hablan directamente con Dios, al que se atribuye el descubrimiento de las aguas de la vida y, por lo tanto, de la inmortalidad.

“El sonido, penetrante, expansivo, pero nunca incisivo ni excesivo, posee toda la paleta de color que demandan estas obras, siempre abordadas con un exquisito sentido de la contención y la intimidad.”

Germán García, Operaworld